El fantasma de Proculo.

Por Guadalupe Gutierrez Rufino

Oct 31, 2025

Mesa de trabajo 2 (6)

Me llamo Guadalupe Gutiérrez R. La historia que voy a contar sucedió a mis 14 o 15 años de vida, junto con mis familiares.

Sucedió en casa de mis padres, la cual, fue en ese entonces un lugar humilde ubicado en el cerro de la Teresona en Toluca; cabe resaltar que el entorno en el que estaba ubicado mi hogar nunca fue mucho de mi agrado, ya que siempre sentía un mal presagio de ese lugar, ya que ese lugar estaba lleno de historias y leyendas.

Como lo comenté mi casa fue humilde, no había puertas, no había cuartos, ni habitaciones separadas, el baño estaba ubicado en un pasillo fuera de nuestros cuartos. La costumbre normalmente era alistar nuestros botes de agua por la noche para al siguiente día poder calentarla y tomar un baño.

Hubo una noche en particular que fue, un poco extraña para mí, tenía una sensación muy inquietante, más profunda de la que sentía por vivir ahí, era una sensación indescriptible, pues yo ya estaba acostumbrada a ese ambiente, sin embargo, esa noche algo se sentía distinto, algo me angustiaba o me preocupaba, como si tuviera muchos escalofríos y tuviera un temor por algo que no entendía.

Aquella vez, mi hermana mayor fue al baño, se percató que su bote de agua estaba roto, dejando caer el agua, se dispuso a cambiarlo, lo curioso es que todo esto sucedió por la madrugada, por alguna razón ella tuvo la sensación de voltear y mirar por el pasillo que llegaba al baño, cuando de pronto, vio salir a un hombre muy alto, con el rostro maltratado como si estuviera cubierto de quemaduras muy graves, vestido de negro y robusto.

Aquella presencia se percató de la mirada de mi hermana por lo que le hizo señas para que fuera hacia donde él se encontraba, mi hermana aterrorizada y perpleja no podía apartar la mirada por lo inquietante y aterrador que parecía todo. Aquel ente que al percibir que mi hermana no se dirigía hacia donde él estaba pese a todas las señas que él le hizo, comenzó a caminar lentamente hacia ella, aterrorizada aventó el bote de agua y se echó a correr directamente hacia nuestros cuartos, el mismo sonido del bote azotando nos despertó a todos.

Pronto vimos que mi hermana entró corriendo, azotando la puerta y con cierto trauma por lo que vio, así que yo me dispuse a ayudarla junto con mi mamá para tranquilizarla, al ver que no reaccionaba mi hermana, mi mamá le dio una bofetada logrando que reaccionara. Nosotros le preguntamos qué había sucedido, pero no lo pudo describir, y en ese preciso momento miré hacia la ventana entreabierta y pasó una silueta muy grande, con alas, la cual a su paso arrojaba una gran cantidad de aire y un frio sumamente helado que sacudió e hizo vibrar las ventanas mientras pasaba volando.

Todos nosotros quedamos impactados por lo que sucedió, tratamos de conciliar el sueño toda la noche y yo, personalmente esperaba a que fuera de día para olvidar todo lo ocurrido y preguntarle a mi hermana que fue lo que vio.

Por ello es por lo que hoy en día conozco esa vivencia de aquel fantasma al cual nosotros le llamamos el fantasma de Próculo. Sin duda tras muchos años de haber pasado esto, aún queda en mi recuerdo aquella silueta que vi y fue un momento que quedará marcado para siempre, por todas aquellas historias que se cuentan de aquel cerro, donde surgen muchas cosas extrañas tales como las bolas de fuego vistas hace poco tiempo entre muchas otras cosas escalofriantes.

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